SPAM

Cara y ceca del insidioso negocio del spam en la Argentina
Nota publicada en WWW.CLARIN.COM.AR

En la Argentina (y casi en cualquier lugar del mundo), subirse al negocio del correo basura no es un problema: basta una lista de e-mails o una base de datos, algún programita de envío masivo y un desarrollo de ocasión que permita sortear los bloqueos habituales que opone la red. Poco importa que, del otro lado, millones de usuarios se muerdan los labios cada vez que reciben alguno de estos molestos mensajes no solicitados. El problema adquiere ribetes de “drama” si se tiene en cuenta que el 92,5 por ciento de los internautas argentinos (según la consultora Prince & Cooke) emplean el e-mail a diario y parece insoluble por la sencilla razón de que, aunque existen tres proyectos de ley que aguardan su aprobación en el Congreso, la Argentina no tiene una reglamentación jurídica adecuada para frenar el fenómeno.

“No es imprescindible una ley específica contra el spam. Se puede aplicar la ley 25.326 de Protección de Datos Personales o la 24.240 de Defensa del Consumidor” dice Juan Delmar, abogado especializado en telecomunicaciones. Y agrega: “Lo fundamental es el rol y los recursos que le destinen los ISP al problema. La realidad es que cualquiera se puede comprar un CD con miles de direcciones y mandar spam. Está en los ISP darle de baja a esas cuentas automáticamente. Por lo tanto, los recursos deben estar destinados al control técnico mas que al jurídico”.

Mientras tanto, nuestro país está entre los principales productores de correo basura del mundo. Según la organización internacional Spamhaus (www.spamhaus.org), la Argentina se ubica en el quinto lugar del ranking, después de los Estados Unidos, China, Corea del Sur y Brasil. “Según una estimación realizada a fines del año pasado, las empresas argentinas perdieron 115 millones de pesos anuales en productividad por culpa del spam,” dice Fernando Marcos, vicepresidente de la Cámara Argentina de Bases de Datos y Servicios en Línea (www.cabase.org.ar), la entidad que nuclea a todos los ISP de la Argentina. El dato, explica Marcos, esta asociado al tiempo que pierden los empleados en borrar el correo electrónico no solicitado que les llega a sus casillas, que suele alcanzar los 15 minutos diarios.

Sin embargo, lo que para el usuario común y para las empresas es poco menos que un calvario, para otros es un negocio redondo. Distribuir correo basura prácticamente no insume costos, lo que convierte a este negocio de espaldas ajenas en un terreno fértil para oportunistas en las sombras. Para enviar correo masivo es indispensable contar con una base de datos, que no siempre es necesario comprar. “Los precios varían entre 30 y 200 pesos, siempre y cuando hablemos de una base de datos popular. Hay otras más caras, que pueden cotizar entre 200 y 300 dólares”, dice Alberto Schreiber, instructor de un curso “sui generis” al que el mismo denominó Correo Masivo y que ofrece en forma privada. “Lo mejor es formar una base de datos propia tomando e-mails de las páginas donde esos e-mails ya están publicados”, afirma Schreiber.

La mayoría de las bases que se ofrecen en la red están segmentadas geográficamente, por rubro y/o por profesión. Así, el cliente puede elegir la que más se adecua a su producto. Cuanto mayor es la segmentación y la cantidad de direcciones, mayor es el precio. También son muy populares los servicios de los “spammers”, que en la Argentina se encuentran fácilmente en la web (www.emails.web.com.co; www.mensajedirecto.com.ar; www.yacarenet.com.ar ; www.pleasantenglish.com). Cobran alrededor de 6 pesos para enviar mil mensajes, más un fijo que puede variar entre $12 y $30, dependiendo de los contenidos del mensaje. Para enviar unos 2.000 e-mails, un spammer pide unos $40. La mayoría de estos sitios ofrecen tarifas más económicas a medida que se envía mayor cantidad de correos, reduciendo su tarifa hasta $3 (por cada mil mails enviados) si el mensaje va a más de 1 millón de posibles clientes.

“Los costos no son altos pero lo mejor es que cada uno envíe su correo masivo, ya que de esa forma se puede saber efectivamente cuántos mails se envían y qué porcentaje de ellos llega a sus destinatarios,” dice Gustavo Tobar, licenciado en sistemas y ex usuario de este tipo de servicios. Para realizar esta tarea, se necesitan algunos conocimientos previos: “Quien quiera enviar correo masivo debe aprender el funcionamiento de algunos programas. No conozco un solo programa que sea lo suficientemente flexible como para sortear los bloqueos. Por eso, lo importante, es tener claro qué tipo de bloqueos hay”, agrega Schreiber. Y concluye: “Hay que ser persistente en la metodología. Si alguien obvia algún un paso, empiezan a bloquearlo”. A juzgar por la monstruosa cantidad de correo no solicitado que circula en el país, pocos rompen el método.
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